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Le voyage

Hace unos meses viajamos juntos al espacio y hemos llegado muy lejos juntos. Fuimos astronautas enamorados en un país extranjero para los dos. Costumbres diferentes y formas distintas de entender las cosas, pero supimos abrigarnos y resguárdarnos del frío francés. Ahora, la nave en la que nos montamos parece que no quiere seguir acompañándonos y en el cohete del desamor nos convertimos en astronautas fugitivos que se separan antes de tiempo, por miedo, por inseguridades o quien sabe. El viaje por el espacio junto a ti no pudo ser mejor. Ahora floto perdido en la gravedad y no puedo poner los pies en la Tierra. Le voyage c´est fini

Comentarios

atemporal ha dicho que…
y a ti, mon ami, que te quiten lo bailao...

sigue tu viaje espacial, astral, intergaláctico e interlunar. yo te sigo entre los astros

multitud de besos y abrazos marcianos
Antonio Fdez ha dicho que…
No deambules por el espacio señor de la palabra, te enganchaste a un satelite mexicano perdido y sin rumbo lanzado desde Caño Cañaberal, ahora por fin te sueltas de pies y manos, únicamente ahora y en libertad sentirás el verdadero poder de la Galaxia Erasmus.

Un abrazo maestro

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.