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Otra calurosa fría noche de verano

Sudores, se pegan las sábanas en una habitación desordenada. En la habitación hay también una persona desordenada. Ideas desordenadas. Palabras desordenadas. Música de fondo, que no amansa a la fiera. Por la ventana entra poco aire. Falta oxígeno. La regadera está seca. Susurros inventados. Se cuela una tímida luz por la ventana. Silueta de naranjos que ya no huelen. Se esfuma la primavera. Se esfuma el estar a tu vera. Seguro que aquí se derrite un esquimal, seguro que aquí se derriten los sueños de labios carnosos. Sólo ropa interior. Calor, sudor, calor, sudor, calor, sudor. Y, a veces, frío. Frío, pero sudo sobre una almohada que ya no aconseja.

Comentarios

Poeta en resistencia ha dicho que…
Un saludo y cálido abrazo, compañero. A ver si volvemos a vernos y acabo estudiando Periodismo.
edericks1980 ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
atemporal ha dicho que…
descubrir el placer de la palabra y los sentidos ha sido toda una sorpresa...
realidades que se alteran y nuevos mundos que vivir están aún por llegar.
creo que andaremos mucho juntos

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.