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Nhaneca


Chibia, provincia de Huila-Angola. Septiembre 2015. Foto: Alfon Cobo


Vengo de una tribu blanca del sur de Europa,

Nací al lado de un río que se llama Guadalquivir

porque un día, de otro siglo, así lo quisieron nombrar los árabes.

Ellas pertenecen a una tribu negra del sur de África,

Nacieron cerca del río Cunene, entre Namibia y Angola.

Desconozco quién puso ese nombre al río y por qué lo bautizó así.

Ahora estamos juntos en un espacio pequeño de Chibia,

una pequeña ciudad de la provincia de Huila.

Ellas acaban de bailar.

Yo acabo de sacar la cámara.

Nos regalamos una colección de miradas extrañas y curiosas.

Yo miro sus peinados, sus pechos desnudos y caídos, su ropa.

Supongo que ellas miran mi piel blanca, mi barba, mi ropa.

Les pregunto, con un gesto, si puedo disparar.

Una de ellas me mira y sonríe.


La tribu "Nhaneka" agrupa a un conjunto de etnias agropastoras del suroeste de Angola. Viven a lo largo del curso del río Cunene y la mayor parte se encuentra en la provincia de Huila. El peinado de sus mujeres, hecho con barro, varía en función de la fase de la vida que atraviesan.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.