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Malana

Solo puedo imaginar tu infierno,
16 años, la mina,
el comercio con el oro
y un jefe tirano
que lo envenena todo
por unas miserables pepitas.

Es el azar
quien pone ahora frente a mí
tu sonrisa inocente,
congelada ocho años
(o más) en el calor
de Uagadugú.

Yo apenas he podido enseñarte
con la yema de mis dedos,
sílaba a sílaba,
algo que tú ya sabes:
si gue to do rec to, amigo.

En cambio, has sido tú
quien me ha enseñado
el secreto de la tierra
de los hombres íntegros.

Bilifu, hasta pronto.
Espero que la vida
te devuelva toda la suerte
que te debe.

(Malana y Bilifu quieren decir "hola y adiós", respectivamente en el dialecto "mossi" de Burkina Faso)
Estos versos van dedicados a quien me enseñó estas palabras.











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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.