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Fotocopias



Es preciso ir a reclutar primavera
por todos los parques

Llama luego al agua y riéganos.
Riéganos a todos.

No soy un iluso por pensar que hubo revoluciones
con claveles.

Lee y escucha. Sé prudente siempre que puedas
e imprudente cuando debas.
Puede que así se dejen oxidar todos los tanques.

No te dejes abrazar por el invierno.
Ponle un plazo al frío.

Descose esa boca callada. Habla y piensa.
Llama a las cosas por su nombre.

Todos sabemos que silencio es sinónimo de miedo.
Todos sabemos que silencio es sinónimo de éxito.
Para ellos, claro.

Pide ruido para convertir. Para convertir en música.
Pide mar y reclama olas. El cambio está ahí fuera.

No podemos dejar que la dignidad sea solo cosa de violines.
Sería injusto para el aire. Y sin aire,
reinan la asfixia y el ahogo.

No te dejes caer en la tentación
del nuevo credo del sistema:
"Perdona y paga nuestras ofensas".

Basta de vastas mentiras.

No me gustan las palabras que me engañan con un buen principio:
espe...
y acaban como el culo.

Todo eso solo trae burbujas y
ya sabes lo que duele pincharse.

Coloréame el mapa de verde.
Mira siempre en la lista de los nombres útiles.
No olvides nunca a los inútiles y a los tiranos
para que no hagan fotocopias de ellos en clase.







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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.