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Querría mentirte



Son las seis
y es tarde,
final de este invierno.

El cielo adormilado
comienza a echar el telón otro día.

Pronto aparecerá un nuevo escenario
de luces, faros y tímidas lunas
mientras el guión se desdibuja cada vez más.

¿Habrá salido el sol donde no debe llover más?
¿Habrá llovido allí donde el sol asfixia?

Querría escribir de tantas cosas,
pero se me traba la lengua,
se me enredan los dedos.

Querría contar que afuera, en la calle,
las plazas no están condenadas
a prisión incondicional,
que lo único que puede estallar esta noche
es una sonrisa
que han clausurado el ciclo temático
de bombas, desahucios y crímenes.

Querría mentirte.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
El deseo tan humano de mentir se da de bruces con las palabras que, como las tuyas, brotan del corazón, son tan de verdad.

Un abrazo, fils
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Merci, papá. Está todo demasiado revuelto, ¿no? El aceite salta de la sartén. Eso es peligroso. De todas formas, hay que ser optimistas. abrazos
Ro ha dicho que…
bravo tardío.
se lo acabo de leer a elena.
un beso

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Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
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Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
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y te gusta prender fuego
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la nostalgia en primavera.

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y te seducen los viejos cafés
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Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
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o el último vestido azul
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Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
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la palabra muerte.
Así que pinté
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un dibujo:
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de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
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y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.