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"El tren", "Paradoja del adiós" y "Le ciel dans une chambre" (tres micropoemas sobre raíles en enero)



El tren

El sol es un intruso
que invade ventanillas
y desafía inviernos.

Suena Sabina
por un bulevar de sueños intactos.

Paradoja del adiós

Al final de la despedida
se esconde el principio
de un nuevo regreso.

Le ciel dans une chambre

Brillaba el cielo de la habitación,
Carla Bruni lo susurraba todo.
No tocarte habría sido un delito,
la violación de una sonrisa,
un atraco a mano amada.

Comentarios

JOAN ha dicho que…
Se te echaba de menos, y cuando has vuelto lo has hecho con todo tu talento en forma!

Magnífica la paradoja del adiós, el cameo de Sabina, i esa habitación tan llena de placer...

Un abrazo desde Barcelona!
Rodolfo Serrano ha dicho que…
Magnífico ese no tocarte habría sido un delito.
Marinus. ha dicho que…
Bestia!!
Buen retorno
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
No sé si llegan mis comentarios porque ciertos aspectos de blogger están censurados por aquí.

Si llegan estas letras, que sean un baile de máscaras multitudinario para deciros "gracias"
Dcamps ha dicho que…
Hermoso. Coincido con Rodolfo, y añado "un atracao a mano amada".
Saludos.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Hermoso, Dcamps, es que hayas llegado a mi orilla y te gusten mis "atracos". un abrazo y bienvenido. espero, te pases por aquí de vez en cuando. un abrazo

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Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
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y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
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la nostalgia en primavera.

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y te seducen los viejos cafés
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Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
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en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
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Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
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Siete años
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Así que pinté
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Yo las pinté blancas,
sin saber
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con una bolsa de supermercado
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a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
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Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.