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"El tren", "Paradoja del adiós" y "Le ciel dans une chambre" (tres micropoemas sobre raíles en enero)



El tren

El sol es un intruso
que invade ventanillas
y desafía inviernos.

Suena Sabina
por un bulevar de sueños intactos.

Paradoja del adiós

Al final de la despedida
se esconde el principio
de un nuevo regreso.

Le ciel dans une chambre

Brillaba el cielo de la habitación,
Carla Bruni lo susurraba todo.
No tocarte habría sido un delito,
la violación de una sonrisa,
un atraco a mano amada.

Comentarios

JOAN ha dicho que…
Se te echaba de menos, y cuando has vuelto lo has hecho con todo tu talento en forma!

Magnífica la paradoja del adiós, el cameo de Sabina, i esa habitación tan llena de placer...

Un abrazo desde Barcelona!
Rodolfo Serrano ha dicho que…
Magnífico ese no tocarte habría sido un delito.
Marinus. ha dicho que…
Bestia!!
Buen retorno
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
No sé si llegan mis comentarios porque ciertos aspectos de blogger están censurados por aquí.

Si llegan estas letras, que sean un baile de máscaras multitudinario para deciros "gracias"
Dcamps ha dicho que…
Hermoso. Coincido con Rodolfo, y añado "un atracao a mano amada".
Saludos.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Hermoso, Dcamps, es que hayas llegado a mi orilla y te gusten mis "atracos". un abrazo y bienvenido. espero, te pases por aquí de vez en cuando. un abrazo

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.