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Invierno



Hace frío aquí dentro,
me has llenado el cuerpo de diciembre
y nunca me has contado los secretos
de la nieve.

No escalo frío
y fuera están el vértigo y la sal.

Es verdad que podría ser invierno
en cualquier parte
cuando tú callas.

Vivimos a la intemperie.

Comentarios

JOAN ha dicho que…
El silencio de una persona, o sus palabras más frías q otras veces pueden convertir el verano más asoleado en el invierno más helado del planeta...

Buena canción, muy relajante!!

Un placer haber encontrado este rincón donde poder leer y aprender, ya no dejaré de sacar por aquí la cabeza!
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Gracias Joan. Saqué la idea, entre otras cosas, de un bello texto de Orhan Pamuk, "El silencio de la nieve".

La canción es de una película coreana preciosa, muy poética. Se llama "Air Doll". Te la recomiendo. Tiene un monólogo impresionante.

Un abrazo y gracias por asomarte por aquí.
Anónimo ha dicho que…
Bellos versos. Me alegro de haberme encontrado con tu blog.
Miguel Cobo ha dicho que…
Los corazones solitarios son propensos al frío. Ellos adelantan el invierno a noviembre. Pero nunca se congelan.

Un abrazo, fils
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
"Soltando letras" y yo me alegro de que lo hayas encontrado y "sueltes" tus letras por aquí.

Un abrazo.

...................................

Imposible que se congelen con un abrigo tan bueno como el tuyo. Un abrazo, papá.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.