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Poema feliz

Este poema habla de la felicidad,
de aquellos días que transcurren
entre toboganes de agua.
Relata el momento en que te deslizas,
gritas y te ríes
como si el invierno fuera mentira.
Mentira podrida,
como si la manzana no hubiera estado prohibida
y Eva fuera siempre una serpiente buena.

Este poema trata de cuando te sumerges
y sales de nuevo a la superficie
y hay otro aire nuevo,
tu brisa de mar en un campo de trigo
Adán viviendo eterno en primavera
sin alergias del Edén
con su inhalador de okupa habitando un cajón.

Este poema es un retrato anónimo
de una sonrisa,
la que dibujan las tormentas
si llueve amistad
a las orillas del bar.

Suenan (sí, digo suenan)
como relámpagos
las ruedas de tu bicicleta.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
La "felicidad" de este poema tan vital, no debe ser ajena a su lectura emocionada, con la que ya reconocemos esta voz tan tuya.

¡Enhorabuena!

Un abrazo, mon fils
mjm ha dicho que…
Tengo la sensación de que más que estar leyendo tus poemas los he encontrado porque me parecen tan redondos y vienen tan de tirón que es como si siempre hubieran estado ahí.
Estoy con tu padre, yo también voy reconociendo tu voz.
Un beso, mon ami.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.