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Qué será, será (No sé lo que digo, pero para ti lo escribo)

Publiqué esta entrada en mi blog sobre Vietnam porque habla de mi experiencia allí, pero creo que su verdadero sitio está aquí, en el mar de Ulises.

Qué será, que será (no sé lo que digo, pero para ti lo escribo)

El tren nocturno atraviesa las calles
de Hanoi y la detiene por unos segundos
una luz atropella el silencio
la ciudad y el tiempo congelados

Hablar de ti y del tiempo
de lo oscuro de una luz,
de lo claro de una noche,
de adivinarte y acertar

Observo los reflejos de Hoan Kiem
hay insectos disfrazados de luces
que bailan en el agua.
brillan como recuerdos,
flotan como tu cuerpo en mi memoria.
hay destellos en este mar inventado,
en este amar soñado
son olas de ciencia ficción
que rompen en la orilla del deseo.

Un viejo violinista vietnamita
me invita a cantar en el lago:
Qué será, será...

(Eso mismo me pregunto yo de vuelta a casa)

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Hasta aquí llegan los reflejos de Hoan Kiem. Una luciérnaga brilla con tu recuerdo a miles de kilómetros.

Hay mucha belleza en estos versos y alguien se habrá dado cuenta entre tanto silencio.

Por lo demás, como cantaba Sabina,

... ruido intolerable,
ruido incomprendido.

Ruido de frenazos,
ruido sin sentido,
ruido de arañazos,
ruido, ruido, ruido.

Un abrazo, hijo
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Gracias papá. Tus comentarios siempre son balsámicos. Me hacen sentir que estás cerca. Un fuerte abrazo.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.