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Laberinto

Canta El Cantautor
que la respuesta está en el viento
Me susurra la distancia
vestida de refrán
que si yo quiero te olvido
Dicen algunos tan Panchos
que si tú me dices ven
lo dejo todo.
Por desnudarme con verdades
me dicen que tengo alma
de bolero.

Se han hecho añicos los mayos
de cristal
infancia de tortuga,
lenta, feliz y con caparazón
creyéndome a salvo del tiempo
entre playmobiles y hasta legos.

En la isla del tesoro habita
un bombero triste,
alérgico a las llamas
los incendios solo acaban
cuando moja las cerillas con sus lágrimas.

Cortocircuito húmedo,
amor impasible
fuego imposible.

Todo un sinsentido.
No te huelo
No te miro
No te toco
No te pruebo
No te oigo

Para encontrar tu boca
es preciso salir de este laberinto.

(Escritura automática. Medianoche de mayo en Hanoi. Suena "A menudo" Nimri)

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Y cuando la encuentres, entrarás en otro laberinto. Y así sucesivamente, como en el juego de la Oca. Del laberinto al 13. Y vuelta a empezar.

Abrazo paterno desde este laberinto.
Marinus. ha dicho que…
Adoro a esta mujer como actriz, como cantante no la había descubierto pero no está nada mal.
Los cantautores siempre dicen lo que todos estamos pensando y no nos atrevemos nunca a decir.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.