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Hicimos nuestro el viento

Hicimos nuestro el viento.
La brisa de tu nombre
recorriendo mi cuerpo,
mis versos huracanados
acariciando tus labios
y nuestros vendavales,
coreografías improvisadas
en la cama o frente al espejo.


Comentarios

Rodolfo Serrano ha dicho que…
Amigo, me parece precioso: Hagamos todo nuestro
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Rodolfo, qué gran valor tienen tus palabras para mí, que admiro todos tus poemas y tu diario abierto. Un abrazo.
Miguel Cobo ha dicho que…
Si lo dice Rodolfo Serrano, ¿qué puede decir tu padre? Para mí , como si te hubieran dado el Adonáis.

Un abrazo , mon fils. Y que el monzón te sea propicio.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Lo que dice mi padre es para mí el Adonáis, el Loewe o el Hiperión...no hay mejor premio. Abrazo, papá!

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.