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70 Dylan y un simple giro del destino



No suelo publicar textos de otros, pero me ha encantado esta versión de Nacho Vegas de la canción de Bob Dylan, "A simple twist of fate". Poesía en estado puro para celebrar los 70 años de este tipo raro que escribe tan bien (por describirlo mal y pronto).

"No me pidas que te cuente la verdad porque te arriesgas a que lo haga"(Bob Dylan)



"Un simple giro del destino", por Nacho Vegas

Enfilaron por el callejón
el cielo iba cambiando de color
ella lo miró, él notó un calor
recorriéndole los huesos
se sintió muy solo y viejo
y se dijo algo anda perdido
y esperó algún simple giro del destino.

Pensó en aquellas cosas que hizo mal
mientras bordeaba el canal
pararon en aquel sórdido hostal
donde la gente iba a follar
y el calor que antes sentía
se transformó en frío
en lo que era un simple giro del destino.

A lo lejos un acordeón
sonaba en el momento en que ella huyó
la luz entraba por la habitación
donde él aún dormido
soñaba con un anillo
en el fondo de un río
en un nuevo y simple giro del destino.

Se despertó,
nadie junto a él
quiso pensar que todo iba a ir bien
poco a poco comenzó a entender
que ella se había ido
encendió un cigarrillo
y un enorme vacío
se fue abriendo en otro giro del destino.

Ahora oye el tic tac de cualquier reloj
se pasea por ahí con un hurón
la busca en los baños de la estación
le pregunta a esos tipos
acaso la habéis visto
no, no se da por vencido
tal vez busca un nuevo giro del destino.

La gente me dice que es un horror
sentir por dentro tanto dolor
yo creo que ella es mi gran amor
pero cometí un error
ella nació en Gijón,
pero yo nací perdido
culparé a un simple giro del destino.

Comentarios

Sonia ha dicho que…
Gracias por compartir también esto.
Espíritu ha dicho que…
¡Qué buena!

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.