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Micropoema para cerrar en un abril de ojos



Me siento solo
y estoy rodeado de sillas

(Dedicado a aquellos/as que se sientan solos)

Suena esta canción de Los Planetas para cobardes

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Siéntate y siéntete.

Abrazos
EMILIO CALVO DE MORA ha dicho que…
Al menos las ves, Alfonso, eso ya es un avance. Hay quien ni siquiera sabe que está solo. Madrid amanece, decía Hilario Camacho. El mundo amanece. Vietnam amanece, pero el sol se pone y se quita adentro de uno, en el pecho, en los ojos, en las sillas del cerebro. Siéntete, haz caso a tu atento padre.
Marisa ha dicho que…
Las sillas vacías rodean soledades pasajeras; las ocupadas, en ocasiones, soledades eternas.

Desde el título de tu composición hasta la brevedad de tus versos, se despliega toda una magnífica e intensa profundidad lírica.
Realmente espléndido tu juego de palabras.

Un saludo, Alfonso.

(Este tema de los Planetas, lo desconocía, pero se suma a la belleza de esta entrada).

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.