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Denuncias temporales (o incertidumbres sin límites de tiempo)



El futuro ha denunciado al presente
por acoso y violación de la intimidad.

El juez le ha dado la razón al futuro.

Y el presente
comparte ahora celda con su pasado,
mientras espera
una sentencia favorable
con respecto a su futuro.

Comentarios

Oriol ha dicho que…
Sin la coerción de la prisión preventiva, el presente debería huir en busca de un nuevo futuro dejando a un lado sentencias precocinadas.
Réquiem por Amor ha dicho que…
genial paradoja.
QuietBrown ha dicho que…
Te descubrí gracias a periodismohumano y la noticia sobre la poesía en Córdoba... Estás ya en mis Favoritos y no decepcionas,

¡saludos madrileños!
QuietBrown ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Oriol, sentencia precocinada es comida de microondas. Es cierto, hay presentes que es preciso dejar a un lado.

Réquiem...sí, una curiosa paradoja. Y este es un juicio lento...veremos cuándo se resuelve.

Me alegra descubrirte a ti también QuietBrown. Espero seguir siendo socio de las "antidecepciones".

Abrazos a todos
ro ha dicho que…
pienso seguir castigando a mi futuro con resacas de vino y ron hasta que se decida. cada uno tiene sus armas, y las mías están llenas de conversaciones con barbudos enternecedores que afianzan mis pilares alrededor de un vino, un café o un cigarro. y después de tantas, he visto la luz...
he decidido amenazarlo contra una pared, saltarme todos sus derechos y hacerle confesar. que luego invoque el habeas corpus o me denuncie ante el tribunal de ddhh...pero eso sí, y sabéis lo convincente que puedo resultar a veces...antes de dejarle ir a llorar a una esquina, mi futuro va a prometerme que a partir de ahora aquí se hará lo que yo diga. he dicho

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.