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Como todos los demás

Soy vulgar, muy vulgar.
He caído en lo fácil:
envenenarme con tu mirada,
jugar con tus risas,
acariciarte la oreja
y darte papeles de actriz principal
al cerrar los ojos cada noche.
Lo complicado,
el reto,
lo original
era no arder en la hoguera,
era no enamorarme de ti.
Caí en la trampa,
como todos los demás.

(Recomendación: mientras lees esto, escucha los primeros minutos de "While they were sleeping", de The only easy day was yesterday). Después, préndele fuego a estos versos y conviértelos en ceniza -como voy a hacer yo-)

Comentarios

Réquiem por Amor ha dicho que…
En primer lugar felicitarte por la publicación. Espero que te pique el gusanillo y te pongas a escribir como un loco. En segundo lugar me encanta este poema, me hubiera encantado parirlo yo hace solo un par de meses, con eso te lo digo to, y la canción es la guinda.
Y en trigésimo lugar decirte "poesía:la gota de agua que busca el mar". Me alegra que alguien rescate la importancia de eso.
Te veré en los libros, saludos del sur.

Un saludo del sur
Isabel González ha dicho que…
Felicidades por tu blog, bienvenido al club, de tal palo...

Un abrazo,

Isabel
QuietBrown ha dicho que…
Mejor dejarse llevar a veces por lo fácil que luchar contra el oleaje...

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.