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Plan

Voy a ir a una playa
con los pies descalzos.
Dormiré toda la noche
en la orilla
desafiando a las mareas.
Prometo no ahogarme
y guardarte mis secretos
en varias caracolas
para que tú,
un día o una noche cualquiera,
en otra latitud y con otra vida,
los descubras con aroma a salitre
y a oportunidad perdida.

Aquí no acaba mi plan.

Al despertar,
recogeré, uno a uno,
los granos de arena
de la playa
y me dedicaré a construir relojes
para jugar con tu tiempo
a mi antojo.

Estás condenada
a que flote en tu cabeza.

Comentarios

Martina ha dicho que…
¿Es el verano o tu estás construyendo los relojes? porque alguien está jugando con el tiempo a su antojo. ¿Has cumplido parte tu plan, verdad?
Alfonso C. Cobo Espejo ha dicho que…
Se me ha ido de las manos el plan, Martina.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.