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River Man


Instrucciones de lectura: este texto sólo puede leerse escuchando simultáneamente la canción "River Man" de Nick Drake.

Pienso en las hojas que dejan desnudos a los árboles. Los árboles, seres vivos que se quitan la ropa en otoño e invierno y se abrigan en primavera y verano. ¿Cuál es su termostato? No lo sé, me subo por las ramas.

Y el río, pienso en el viejo descuidado que cada tarde se asoma a la orilla para pescar con su caña. ¿Atrapará algo? Siquiera una bota. Tendría mucho mérito porque no tiene anzuelo. Dicen que perdió el gancho una noche, en la capital de un país extranjero impronunciable.

También pienso en el joven luciérnaga. Tenía muchas luces durante su adolescencia. Presumía de reloj delante de las chicas y se engominaba siempre el pelo hacia atrás. Hoy se ha apagado y vaga por las calles.

Y pienso de nuevo en el viejo descuidado que pesca en el río. ¿Será él el joven luciérnaga? Observo además que no tiene mucha ropa y, por tanto, debe sufrir el frío sol de invierno y la traición de la noche.

Y al pensar en si el joven luciérnaga es ahora el viejo descuidado con poca ropa, pienso que le gustaría convertirse en árbol en primavera o en verano.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.