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Escucha lo que te voy a decir



Escucha:
la Vía Láctea gira mucho más rapido de lo que creemos,
el riesgo de colisión es mayor entre galaxias,
entre universos paralelos.
Escucha:
hace mucho tiempo, unos diez mil soldados griegos
abandonaron Bagdad atravesando las montañas del Kurdistán
en una retirada épica.
Escucha:
existe más de una franja donde la huida no es posible,
las fronteras son barrotes de una celda,
muchas aves presas inocentes y demasiadas bombas.
Escucha:
tú que puedes,
las melodías de las canciones,
las luciérnagas de noche,
las chicharras de la sierra,
las gotas de la lluvia,
las voces cálidas,
las nieves de este invierno,
Escucha:
tú que puedes,
a aquellos que quieren hablar,
pero no pueden escuchar.

Comentarios

Kanaima ha dicho que…
escucharé, tú tranquilo, pero gracias también por recordármelo: las gotas de la lluvia, las bombas de este invierno... precioso poema, una pena que sea tan de verdad. Una pena.
Janaina Brum ha dicho que…
Muy bueno el blog!
Seguiré a visitarlo!
jfmarcelo ha dicho que…
¡BONITO POEMA!
Espero que visites mis blogs de fotos de mi pueblo, de España, De Italia y Francia:

http://blog.iespana.es/jfmmzorita

UN SALUDO
Julián Carax ha dicho que…
Gracias por vuestros comentarios Janaina y jfmarcelo. Me alegro de que naveguéis por estos mares. Viajaré a los vuestros. Un saludo

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.