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Viaje por la Costa Azul


Ella entró acompañada y se sentó con su amigo más fiel. Tras acomodarse en el tren, empezó a leer un libro. Mientras, por la ventana, la Costa Azul se despedía a nuestros pies tras unos días disfrutando de su ambiente casi veraniego. Fue entonces cuando yo empecé a pensar en la suerte que tenía de disfrutar de ese paisaje con toda su intensidad: con la vista, con el olfato, con el tacto. Cómo sentiría ella un día de playa, un paseo al anochecer por el Viejo Puerto de Marsella. Cómo sentiría ella una visita al paraíso perdido de Les Calanques, en lo más profundo de la naturaleza marsellesa. Sí, me preguntaba cómo dibujaría ella en su mente todas esas cosas y, al ver su cara de felicidad, sabía que podía sentir casi como yo las cascadas en el parque de Niza, el susurro de las olas en sus playas repletas de piedras, el murmullo de la gente en las calles del Vieux Nice, los besos escondidos de dos enamorados. Ella podía oler el pescado fresco del mercado o saborear un helado tras un almuerzo. Cuando paramos en Toulon, una de las ciudades que atraviesa el tren destino Lyon, ella dejó de leer su libro en braile y, siempre acompañada por su fiel perro guía, se bajó del vagón. Atrás quedaban unas horas en las que ella y yo habíamos compartido el paisaje. Era su paisaje, era mi paisaje y los dos, de alguna u otra forma, lo habíamos sabido disfrutar.

Comentarios

atemporal ha dicho que…
cómo extrañaba leerte...

besos de verano!!!
Julián Carax ha dicho que…
y yo te extrañaba...espero que te vaya bien en tu trabajoooo, rebesos estivales
atemporal ha dicho que…
lo de ese curro ya es viento pasado, ahora toca lo bueno...

te debo actualización...

besos de tormenta de verano

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Constelación KTM

Por las noches hay perros
con la mirada azul
solo la luz de sus ojos
desafía a la oscuridad
de las calles de este valle,
-ciudad de ciudades-
que duerme, sueña y despierta
rodeado de montañas fugaces
que, como estrellas,
aparecen y desaparecen
según los deseos de las nubes.

Instantánea nocturno-sonora de verano en Katmandú

Los aviones vuelan por la noche en Katmandú
como si volaran más cerca todavía
de lo que vuelan.

Los cláxones suenan por la noche en Katmandú
Como si sonaran más cerca todavía
de lo que suenan.

Los perros ladran por la noche en Katmandú
como si ladraran más cerca todavía
de lo que ladran.

Las ranas croan por la noche en Katmandú
como si croaran más cerca todavía
de lo que croan.

Los grillos grillan por la noche en Katmandú
como si grillaran más cerca todavía
de lo que grillan.

La lluvia cae por la noche en Katmandú
como si cayera más cerca todavía
de lo que cae.