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Aprender a andar descalzo

Me parece estar en la vía de la nada,
donde uno puede ser capaz de inventarse catástrofes evitables,
donde uno se esconde en el repliegue del silencio,
donde la luz se dobla.
Mis historias se refugian en los sótanos de cuerpos perdidos,
donde la razón de la desesperanza
o el milagro del tiempo, me esperan.
Cegueras, iluminaciones y tiros al aire.
Ahora sólo quiero aprender a andar descalzo.

PD: A los titulares del Babelia, atrapado por el insomnio

Comentarios

Auri in blue ha dicho que…
He llegado aqui, por el blog de Luis, y joder, nunca sabes a quien tienes escribiendo entre tus compañeros de promoción... Parece que tienes que esperar un golpe del destino para aprender a valorarlo... Y como nunca es tarde, te hago un vinculo entre mis favoritos en mi blog .. Ah¡ y por cierto, son de mar, es una de mis peliculas favoritas, figurate que es de lo poquito que me he traido de cine a Praga.
Julián Carax ha dicho que…
Me alegra de que navegues por los mares de Ulises Adsuara. Un beso desde el naufragio francés
Ludwig ha dicho que…
Gracias por tu comentario. Hacía tiempo que le echaba un ojo de vez en cuando a tu blog, así en plan voyeur, sin dejar constancia. Ahora que ya tengo blog propio tendrás más noticias mías. Un abrazo.

Entradas populares de este blog

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.