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LLegaste con el frío

Un octubre caluroso se despedía en la ciudad francesa donde estudiaba. Manga corta por Bellecour y en las calles cercanas a Hôtel de Ville. A la vuelta de la esquina, hojas de otoño volando por los parques. Sonrisas encima de bicicletas con cesta. Un timbre, agua en las fuentes, baguettes, croissants recién hechos. Ya empezaba a sentir tu rastro. Melodía de Amelie en el tío vivo del parque de la Tête d´Or. Por algún sitio te estabas escondiendo, estabas a punto de aparecer. Y, entre astronautas, me encontré contigo. Llegaste casi a la par que el frío, justo a tiempo para abrigarme. Puedo pasear por Perrache, por Víctor Hugo o el Vieux Lyon sin necesidad de ponerme gorro, guantes o bufanda. Me basta con estar cerca de ti. Cayeron los primeros copos de nieve en el tejado y nos echamos a dormir.

Comentarios

Antonio Fdez ha dicho que…
Me alegra mucho saber que miraste allí y estaba ella, es bonito ver que el sentimiento que se esconde a la vuelta de una ciudad como Roma ha tocado por fin el corazón de un maestro.
Disfruta de ello, lucha contra el paso del tiempo, haz que se detenga con cada abrazo, en cada beso, con los sentimientos que desprendes con tan solo una mirada...dejate llevar, intenta que tu bohemiez y su belleza consigan fundirse en un solo ser.

Que las palabras sean las únicas balas que nos atraviesen el corazón. Un abrazo de tu aprendiz

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Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.

El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.