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La melodía me hace escribir


Esta música me hace escribir, no sé de que ni porqué, sólo sé que tengo que escribir. Letras y letras sin parar acompañando a esta melodía triste, en un día triste, en un día nublado de diciembre, con mucho viento, con cierto desaliento. El piano me obliga a que no cese un instante de pulsar las teclas de este ordenador portátil. Pocas veces había escuchado una melodía con tanta intensidad, una música que me hiciera sentir, no sé ni siquiera el que. Lo único que sé es que me transporta, no sé ni siquiera a donde. Pero me gusta, me gusta tanto escucharla. Posiblemente hay vida debajo de los tejados. Seguro que sí, pero hoy y ahora me apetece quedarme aquí escuchando esta melodía una y otra vez. En mi salón, estoy solo frente a esta pantalla. Me gusta mirar por la ventana y ver el cielo gris con esta canción de fondo. Se llama "Summer 78" y es de Yann Tiersen. La he descubierto por casualidad, entre los cd´s de mi colocatrice. Yo no la llamaría así. No es una canción de un antiguo verano. Es una canción de tarde de invierno, de tarde de domingo, de gente que está sola en su casa sin saber que hacer, sin saber que le puede deparar el próximo segundo de su existencia. Es una canción de alguien que está tumbado en su cama leyendo un libro. Es una canción de alguien que está asomado a una ventana pensando en cómo le dirá eso a esa otra persona que tanto le importa. Es una canción para alguien que está estudiando en su cuarto con su flexo encendido, solo, en silencio. Es una canción para un hombre que pasea por un parque una tarde de invierno porque no tiene donde ir. Es una canción para perderse no se sabe donde, es una canción para apretar una almohada, es una canción para...Al cabo del rato me desperté y la melodía seguía sonando.

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.