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La playa de Son de mar quedó cubierta de aerolitos, que un día desenterré de la arena

Un aerolito es literalmente, "piedra aérea", un cuerpo celeste de naturaleza pétrea que penetra en la atmósfera y es recuperado sobre la superficie terrestre.Los aerolitos son trozos de cometas desintegrados qu esconden breves mensajes para desconocidos destinatarios. Desde no se sabe qué lugar del espacio y en una de las muchas playas en que suele naufragar Ulises, llegaron varios aerolitos que quedaron sepultados bajo la arena sin que nadie los descubriese. Sin embargo, tras una tormenta de verano, algunos de ellos quedaron esparcidos cerca de una orilla. Ulises los encontró y decidió guardarlos para Martina. Algunos decían así:

No hay suficientes banderas para representarte.

La canción se ha quedado sin melodía.

Sólo te escucho cuando no abres la boca.

Si te encuentro, yo me pierdo.

Si la memoria me falla, puedo acordarme de mí.

El ciego dejó de ver cuando encendieron la luz.

Cuando el burro empezó a mentir, nació el aburrimiento.

Sugerir es desnudarse con discreción.

Tu silueta no se difumina entre sombras.

Amar en una orilla.

El olvido engañó al recuerdo al cabo de los años.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¿Qué pasa, marinero en tierra?
Qué pronto dejaste de buscar tu atún...
Nobody's boy ha dicho que…
Aerolitos grandes, tío (¿son los del taller joven?). A ver si tengo tiempo y me apunto a tu recolección de aerolitos en la orilla. Un abrazo.
Julián Carax ha dicho que…
Sí que son los del taller de poesía joven, te puedes identificar que no caigo ahora mismo en quien eres. Un abrazo fuerte de todas formas
Nobody's boy ha dicho que…
Soy el Borja. Salut (y viva la france).

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El poeta puede

El poeta puede ver el beso
medio lleno o medio vacío
El poeta lima
El poeta lame
El poeta no tiene lema
El poeta le busca todas las vueltas a Roma
rema que te rema
rima que te rima
de ramo en ramo
El poeta puede volar por los aires
y estrellarse en el cielo.
Acaso entonces se da cuenta:
su poema ha llegado a su ocaso.

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego.

Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría.

Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela.

Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.





Tarde de frío

El domingo tirita
cuando se hace de noche
y sabe que su tiempo aquí se acaba.

Bicicletas de invierno
reclaman su condición de juguete de verano
y las manos en el manillar
suplican guantes a Dios.

La lluvia
se presenta en la escena
sin tarjeta de invitación.
La dejan pasar
a pesar de eso.

No hay manual para calles mojadas
cansadas de asfalto
ni instrucciones para sortear
charcos.

Pedales y frenos.
Luces.
Intermitentes.

Algún día el viento
te dirá algo.