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Ha habido una tormenta de verano, pero Ulises sigue buscando

Cuánto tiempo ha pasado, parece que Ulises se hubiera cansado de buscar el mejor atún para Martina. Una tormenta de verano tumbó su barca y a punto estuvo de naufragar. Sin embargo, tras el largo estío y un otoño lleno de marejadas, Julián Carax confía en continuar con la búsqueda del atún, quiere encontrarse más noticias del paraíso, más minimundos, más botellas con mensaje, más naranjas. Por eso espero que ahora, desde un nuevo mar, un poco más frío, esta nave salga de nuevo a flote y cobre de nuevo vida.

Comentarios

Pau ha dicho que…
Quizá te consuele el saber que una persona desconocida se alegra de que sigas con tu búsqueda.He leído todas las cositas de tu blog en un par de diillas, y me ha gustado. Especialmente, "la naranja".He decidido hacerme un blog para colgar todas las cosas que me gustan, y tenerlas más a mano.Cosas de otros, claro, yo no escribo.
http://enlalunademinube.blogspot.com

A lo mejor ves algo que te gusta.A mi me ha encantado una poesía que mandó un amigo tuyo (supongo) la de "siamo stati naveganti..."Ya ves. Le estás dando algo de poesía a alguien que nisiquiera conoces.Es bonito, ¿no?

Me gustó encontrar tu blog.Hacía mucho que no leía poesía.Cosas de la rutina.Todas las horas del día tan rellenas de cosas que tienes que hacer, que al final no encuentras el momento para dedicarte un ratito a "ti-ti" :p No lo encuentras, porque no lo buscas,claro; simplemente se te olvida,te vas quedando más gris, y más gris, y se te olvida que...

"...cuando abra la puerta y me asome a la escalera, sabré que abajo empieza la calle; no el molde ya aceptado, no las casas ya sabidas, no el hotel de enfrente: la calle, la viva floresta donde cada instante puede arrojarse sobre mí como una magnolia, donde las caras van a nacer cuando las mire, cuando avance un poco más, cuando con los codos y las pestañas y las uñas me rompa minuciosamente contra la pasta del ladrillo de cristal, y juegue mi vida mientras avanzo paso a paso para ir a comprar el diario a la esquina."

ea.Espero que te guste
Julián Carax ha dicho que…
Que alegría tu mensaje, me alegro un montón de que te guste mi blog, de que escribas en él y de que te hayas animado a hacerte uno. Por ello, también te animo a que tu también escribas algo. Me ha encantado y halagado tu comentario. Un beso Pau

Entradas populares de este blog

Facebook

Veo en un pequeño recuadro
que ahora eres amiga de
Brian y Marcella
y que a las nueve de este otoño
irás a beber melancolía
de once grados con Luis.

Descubro que te gusta
pisar los charcos
cuando llueve
y que detestas los inviernos
en abril.

Aunque ya no hablo contigo,
conozco tu ciudad actual
y recuerdo cuál fue tu origen,
que cumples años en diciembre
y te gusta prender fuego
al calendario si te arrastra
la nostalgia en primavera.

Últimamente has viajado a Lisboa,
intuyo que te mecen los tranvías
y te seducen los viejos cafés
color sepia.
Lo sé por tu fotografía
en aquella calle de Bruselas,
donde Magritte fumaba en pipa dorada.

Sueles cambiar de cara a menudo,
me divierten tus gafas de sol
en noviembre
y disfruto con tu colección de sonrisas
o el último vestido azul
que guardas en tu perfil.

Vuelves a estar soltera,
aunque te acompañan ciento veinte
comentarios por debajo
dándote ánimos
y diciendo que él era un idiota.

Aún tiritas cuando alguien te habla
del pasado.
Por eso has borrado mi felicitación
de cumpleaños
y ha…

Abuelo Paco

En memoria de mi querido abuelo Paco,
que se marchó hace 24 años.


Siete años
y era invierno.
Yo aún no lo sabía.
Con esa edad
nadie te enseña
a escribir
la palabra muerte.
Así que pinté
a mi abuelo en
un dibujo:
estaba rodeado
de sí mismo
y podía flotar
encima de las nubes.
Yo las pinté blancas,
sin saber
que era un día gris.
Hoy tengo ya memoria.
Puedo incluso perderla
o inventarla.
Yo recuerdo a un loco
con una bolsa de supermercado
en la cabeza.
También recuerdo a otro,
a las afueras del pueblo.
Cigarro en boca,
deambula entre la carretera
y los olivares.
Todo eso fue después,
cuando ya no estaba él.
Se me olvida el día
en que empecé a andar,
pero todavía sé mirar de pequeño
y levantar la cabeza
para ver personas grandes.
Yo te encuentro así, abuelo.

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros.
Trece febreros y dos días.
El invierno era entonces distinto.
Más largo,
más frío.
Yo era un joven de secano
que buscaba mensajes en el mar.
Hoy,
trece febreros y dos días después
sé que no hay guaridas para náufragos
y que no hay náufrago
que no busque,
alguna vez,
una guarida.