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Mostrando las entradas etiquetadas como Estaciones

Tarde de frío

El domingo tirita cuando se hace de noche y sabe que su tiempo aquí se acaba. Bicicletas de invierno reclaman su condición de juguete de verano y las manos en el manillar suplican guantes a Dios. La lluvia se presenta en la escena sin tarjeta de invitación. La dejan pasar a pesar de eso. No hay manual para calles mojadas cansadas de asfalto ni instrucciones para sortear charcos. Pedales y frenos. Luces. Intermitentes. Algún día el viento te dirá algo.

"El tren", "Paradoja del adiós" y "Le ciel dans une chambre" (tres micropoemas sobre raíles en enero)

El tren El sol es un intruso que invade ventanillas y desafía inviernos. Suena Sabina por un bulevar de sueños intactos. Paradoja del adiós Al final de la despedida se esconde el principio de un nuevo regreso. Le ciel dans une chambre Brillaba el cielo de la habitación, Carla Bruni lo susurraba todo. No tocarte habría sido un delito, la violación de una sonrisa, un atraco a mano amada.

Versöhnung

"Una caricia también es danza" (Pina Bausch) Nos acariciamos e iniciamos un baile de equilibristas desequilibrados. ¿Qué significó besarse a oscuras? ¿No atreverse a ver que lo incierto es verdad? Tu cuerpo es un acantilado. Asomarse a él es hermoso, pero provoca vértigo. Uno no aprende a calcular la longitud del otoño, a cronometrar la melancolía. Es cuestión de tiempo. Dicen los optimistas.

Síndrome Bovary

"La exactitud de las palabras sencillas" (Emaús, Alessandro Baricco) Después de la tempestad, vino la cama y la resaca ya solo brinda en las orillas. La ropa está arrugada, otro otoño sin planchar. Fuera es un día gris. Al menos el cielo es gris. ¿Estarán los pintores en las plazas? A veces colocamos demasiados signos de interrogación. Aquí llamamos a eso "dudar". ¿Podría jurarlo? Lo dudo. Los amaneceres son hermosos incluso cuando hay sábanas desiertas. Eso puedo afirmarlo. Siempre aparece un libro, una canción, un recuerdo, el sabor de la memoria. El placer aparece en la exactitud de las palabras sencillas. Sin fuegos artificiales. Así, Baricco, así. Sencillo, bello. La belleza, que puede estar en cualquier parte. Se esconde. Se marcha. Regresa. Se vuelve a ir. Una vez la vi reflejada en los espejos de la lluvia. Algunos tienen el valor de llamar a eso "charcos".

Invierno

Hace frío aquí dentro, me has llenado el cuerpo de diciembre y nunca me has contado los secretos de la nieve. No escalo frío y fuera están el vértigo y la sal. Es verdad que podría ser invierno en cualquier parte cuando tú callas. Vivimos a la intemperie.

Hojas de noviembre

I Es otoño, imán melancólico de canciones tristes, de historias con final incierto. Meses de condicionales, de hojas indecisas que vuelan sin saber dónde posarse: ¿habitar el suelo de los parques, huir del funcionario de limpieza o estrellarse contra cuerpos anónimos? II Es otoño y, por las noches, abrazo a las almohadas pensando que eres tú, que es tu cuerpo el que responde a mis llamadas de emergencia: SOS caricia, SOS susurro, Be-SOS. III Es otoño, y la memoria se vuelve cruel porque incluso inventa cosas que no ocurrieron tal como ocurrieron unas veces edulcora, otras dramatiza son las hojas del tiempo que cambian de papel.

Como loco

Nadie hablará de nosotros si no hallamos puerto, hay congelados derretidos y gente que muere de frío, hay abogados y aguacates no son lo mismo en mi idioma unos defenderán a un acusado, otros intentarán salvar a una ensalada qué aliño más raro estos versos improvisados repletos de incertidumbres y confusión ¿quién fue Confucio? no me digas cuánto sabes, háblame de tus carencias porque juntos podemos hacer puzzles y dibujar nuevas piezas sin ser tu peón sin saber yo jugar al ajedrez está claro que quieren hundir la flota D2 tocado, 4C hundido juegos de tablero ¿quién es quién? ¿tengo edad para jugar? ¿tengo edad para aprender a perder, para saber cómo ganar incluso perdiendo? Madurez,hay en las manzanas y manzanas en los bailes de los huertos con viento ¿existe un límite de tiempo para el tiempo? ¿puedo ser yo mismo sin ser yo mismo? dicen que tus labios son veneno y si los toco, no quiero antídotos quiero riesgo y a la vez peco de cobarde para quién escribo ¿es mi ego lo que muevo? pod...

Lo que te escribí cuando tú ya no estabas

En el laberinto de los álamos, en las entrañas de una adivinanza, entre las sábanas de unos versos mal arropados por el invierno en la cima de una obsesión, en lo más profundo de un recuerdo, en Kamchatka, sensible -como tú- a los temblores. Allí y en otros mapas mudos buscarás lo que te escribí cuando tú ya no estabas.

Hera eras

"La envió Hera, la diosa de los brazos de nieve, preocupada por la suerte de los príncipes" (La Ilíada, Homero) Recurrimos al tiempo como justificante de pago de nuestras deudas, la tirita para esas heridas que se infectan, sobrealimentadas de rutina. Pero no, lo sabes bien: no saldamos nuestras dudas con el tiempo, y pellizca el recuerdo de tus labios a plazo fijo en mi azotea, pensamientos centrifugados, un árbol frondoso con un alto tipo de interés. Yogurt de hoja perenne, que no quiere consumirse preferentemente antes de... Ramas que te nombran, ya sea verano o pleno infierno. Sí, cuando hace frío y es diciembre, y tus abrazos son de nieve. Tú, convertida en Diosa Hera. Ahora y luego. Después que antes. Hera eras.

Tercer recuadro, parte superior izquierda

A ti, que te llamas despertar y aún no lo sabes. Te sugiero que compres el periódico un viernes cualquiera. Busca una página impar, huye del color salmón porque apesta a crisis y tú no quieres seguir la corriente. Evita el drama y la corrupción: hay demasiada sangre amarilla y ya bastante honor perdió Katharina Blum. ¿Me has encontrado? ¿Sí? Por fin, ya era hora: Efectivamente, estoy ahí en el tercer recuadro, parte superior izquierda disfrazado de anuncio por palabras: "joven perdido suicida al verano para encontrarse contigo este invierno". No, no seré yo quien gestione tu frío. Son otros los servicios que presto: yo arropo cuerpos desnudos a plazo variable y beso astrolabios, los que ocultas cuando anocheces la entrepierna, los que se abren si no me cruzo de brazos. me ofrezco también a aprenderte de memoria y a olvidarte si te canso. Mientras algo de eso ocurre, te propongo huidas temporales de los mapas rutinarios, martes con sabor a terrazas de verano y cometas que no s...

Poema feliz

Este poema habla de la felicidad, de aquellos días que transcurren entre toboganes de agua. Relata el momento en que te deslizas, gritas y te ríes como si el invierno fuera mentira. Mentira podrida, como si la manzana no hubiera estado prohibida y Eva fuera siempre una serpiente buena. Este poema trata de cuando te sumerges y sales de nuevo a la superficie y hay otro aire nuevo, tu brisa de mar en un campo de trigo Adán viviendo eterno en primavera sin alergias del Edén con su inhalador de okupa habitando un cajón. Este poema es un retrato anónimo de una sonrisa, la que dibujan las tormentas si llueve amistad a las orillas del bar. Suenan (sí, digo suenan) como relámpagos las ruedas de tu bicicleta.

Ya no son tan azules los veranos

Ya no son tan azules los veranos. Sigue junio llamándose junio sigue julio llamándose julio sigue agosto llamándose agosto Pero han cambiado de apellidos y ya no se dicen orilla, helado, arena, descanso al mirarse en el espejo.

Season bed

Dormía casi siempre muy arropada. La recuerdo en invierno, cuando estiraba la colcha para calentarse la nariz. Luego, jugábamos a quitarnos los calcetines bajo las sábanas. Y siempre se encontraban nuestros dedos. Siempre. En pleno diciembre, verano.

Una historia-estufa (invierno en Madrid)

Me apetece contarte una historia que te abrigue este invierno. Una historia-estufa que te arrope en una oscura tarde de diciembre en Tribunal o en un frío amanecer de enero en Noviciado. Quiero escribirte una historia con mis guantes y bufandas cobijándote del frío mientras esperas el autobús de vuelta a casa en Atocha. Podría quizás susurrarte una historia de osos, que hibernan en cuevas secretas, ajenas a los túneles del metro de Bambú. Me apetece soplarte (vapor, vapor) si tus dedos se congelan esperando al semáforo en verde en Gran Vía. Me apetece contártelas, pero no sé por dónde empezar. Mientras lo pienso, escucho al termómetro estornudar por la llegada de los números pequeños en la próxima estación.

Verano de asfalto

Bienvenido al verano de asfalto: Julio y agosto traducidos a travesías bajo tierra, a trajes y corbatas. Julio y agosto tumbados en primera línea de metro con vistas a quemar con vistas a ¿qué mar? Julio y agosto disfrazados de desierto ansiosos por encontrar un oasis detrás del cristal.

Refugios estivales

Me refugio en melodías, en canciones suaves. Así disimulo las tardes sin cine, las calles sin sombra y las camas sin aliñar. Me refugio en palabras, en sopas de letras y crucigramas. Así disimulo los desayunos sin mermelada, las playas sin sal y las cartas sin destino. Me refugio en silencios, en ruidos callados. Así disimulo los ecos sin tu voz, las fotografías sin tu rostro y el tren, que vuelve a pasar sin ti.

La chica de la ciudad de la lluvia

¿Por qué son tan reales y se esfuman cuando abro los ojos? ¿Por qué saben tan bien y mi boca está seca si amanezco? ¿Por qué son invisibles cuando se filtra el sol por las persianas? No conozco las respuestas. Sólo sé que a veces floto, y beso, mientras sueño, a la chica de la ciudad de la lluvia.

Aquel verano tormentoso imaginario

¿Nos ha despertado el trueno? ¿De verdad es tan intensa la tormenta? Quizás la verdadera razón sea esa foto. Sí, aquella en la que apareces con piel morena. Era verano, ¿verdad? Sí, recuerdo que las olas engañaban al mar. Recuerdo también el rastrillo y la pala. Y no puedo olvidar el castillo. Ese que nunca hicimos.