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Mostrando las entradas etiquetadas como Latidos

Yo la vi (Micropoemas del Japón)

Era invierno. Ellas paseaban, entre tímidas sonrisas, por aquel templo cercano al bosque de bambú. La paz existe. Yo la vi. Kyoto, febrero de 2014.

Emmanuel

Cuando voy a comprar a uno de los supermercados que están cerca de casa, me encuentro con los buenos días y la sonrisa de Emmanuel. Yo no voy todos los días, pero sé que él siempre está allí. "Hace frío", me ha dicho hoy antes de entrar a comprar. "Sí, hace frío", le he respondido yo sin saber aún su nombre. Luego he entrado en el supermercado. La compra me ha costado poco más de 23 euros y he pagado con dos billetes. Uno de veinte y otro de cinco. Al salir, le he dado la vuelta. No era mucho, no es el modo, probablemente no sirve de nada. Pero se la he dado. Eso es lo que he hecho. Eso y preguntarle: -¿de dónde eres?. -"Soy de Ghana, allí hace mucho calor", me ha respondido. -¿Cómo te llamas? Yo soy Alfonso. - "Me llamo Emmanuel". - "Encantado, Emmanuel. ¿Cuánto tiempo llevas en España?. He creído entender que lleva dos años. Siempre en Madrid. Hemos hablado un poco más y me he marchado después. Yo no voy todos los días, pero sé que Emman...

Carretera Córdoba-Úbeda

Está ahí el río siempre fiel a su cauce discurre a orillas de la ruta bien sabida los veranos en caravana luego el doble carril del estado del bienestar empiezan a brillar los baches carreteras secundarias coleccionan prostíbulos muertos la balada del camionero es triste sobreviven oasis de cipreses rodeados de olivares es la pista de los que ya no hay tractores y llanura una radio, un botón que sintoniza voces rotas y otras vírgenes la esperanza cubana el misterio de la vida una línea discontinua y, sin embargo, prohibido adelantar.

Precipitaciones

La gente empezó a llover y se inundó la calle de decisiones precipitadas (Haiku a mediados de febrero)

Mantigue

Hay unos pescadores que viven en Mantigue. Son apenas cincuenta. Mantigue es una isla pequeña de Filipinas. Para los turistas, Mantigue es el paraíso. Baños de agua azul cristalina, reposo de arena blanca, peces y corales de colores. Los turistas suelen quedarse un día. Algunos, quizás dos. Para los pescadores, Mantigue es una isla pequeña. El agua cristalina es el primer paso para salir a pescar; la arena blanca, un lugar donde aparcar la banca; y los peces, su alimento básico. Los pescadores viven allí desde hace cuarenta y cinco años. Algunos, quizás más.

Tarde de frío

El domingo tirita cuando se hace de noche y sabe que su tiempo aquí se acaba. Bicicletas de invierno reclaman su condición de juguete de verano y las manos en el manillar suplican guantes a Dios. La lluvia se presenta en la escena sin tarjeta de invitación. La dejan pasar a pesar de eso. No hay manual para calles mojadas cansadas de asfalto ni instrucciones para sortear charcos. Pedales y frenos. Luces. Intermitentes. Algún día el viento te dirá algo.

Gravedad

¿Cómo es el mundo desde fuera de este mundo? Busco a alguien que me responda, que me cuente qué se ve, qué puede oírse. Quiero saber qué siente, -si es que siente algo- que me diga a qué huele, si sabe a algo. No me creo las respuestas aquí, dentro, en este mundo. Dime tú, si estás ahí fuera. Dime tú. Este mundo es gravedad, una fuerza nos empuja hacia el egoísmo y el miedo. Nos convierte en seres frágiles y caprichosos. Dime tú, ¿tiene cura esta gravedad? ¿Cómo es el mundo desde fuera de este mundo?

Lluvia

Te cuento que aquí suele llover las tardes de agosto. Es una lluvia caprichosa que no repite horario ni vestido. A veces es ligera y suave, otras es feroz e insaciable. No sé si algo o alguien la llama, (es curioso escribir llama en un poema de lluvia) pero sé que viene cuando las nubes se ponen su traje gris oscuro. Sucede a menudo que no le gusta bailar sola y truenan truenos, y relampaguean relámpagos como brillantes teloneros.

Los atunes son insomnes

Hace unos meses, mi padre asistió a una charla con Manuel Vicent durante la Feria del Libro de Córdoba. Mi padre le habló de mi blog, "El primer atún de Ulises", le dijo que llevaba ese título por su novela "Son de Mar" y que si podía dedicarme unas palabras. Vicent le respondió "dígale a su hijo que los atunes son insomnes". A propósito de esta frase, investigué otras entrevistas a Manuel Vicent en la red y encontré este fragmento, que me gusta mucho: "El atún es un pez que navega insomne, sin dejar de comer, devorar o navegar. A partir de ahí he imaginado que los náufragos, como los atunes, siempre vuelven a la vida. Quiero decir que todos los náufragos resucitan. El comienzo de este proceso, es decir, el manual de resucitados, es una llamada, un amor, alguien que puede estar en la tierra esperando al que vuelve del mar" (Manuel Vicent).

Océano de silencio

Un Oceano di Silenzio scorre lento senza centro né principio cosa avrei visto del mondo senza questa luce che illumina i miei pensieri neri. (Franco Battiato) Si hubiera un deshielo de ruido se produciría un océano de silencio. Ojalá fuera un océano caprichoso que callara la voz que escupe lava y deja solo cenizas a su paso. Ojalá fuera un océano imperfecto que dejara a la música y a la poesía pasar para dejar huella en todas nuestras orillas.

Muñoz Molina y mi colección de muñecos de goma

El otro día le dieron el Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Antonio Muñoz Molina. Hoy descubierto su autorretrato , que es emocionante, sencillo y hermoso. Muñoz Molina es de Úbeda, un andaluz de Jaén. Al leerlo, me ha parecido escuchar de nuevo historias de mi padre, vivencias de mi abuelo Alfonso y de otros miembros de mi familia, que son de allí o de otros pueblos de Jaén. Vivencias que son mías también. Mi relación literaria con Muñoz Molina empieza un invierno en Lisboa. Me abrigué mucho con sus páginas. Luego me he puesto su ropa otras veces. Sea invierno o sea verano, en columnas o en novelas. Mi padre siempre me ha hablado de él con admiración y con cariño. Recuerdo una vez, cuando chico, que nos lo encontramos en Úbeda en los soportales donde vendían los muñecos de goma que tanto me gustaba coleccionar. Eso me ha traído otros recuerdos. En mi trastero de Córdoba, ciudad donde nací y me crié, viven ahora todos los muñecos de mi infancia: Astérix, Espinete, S...

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego. Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría. Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela. Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.

Palabras a punto de estallar

paciencia . (Del lat. patientĭa). 1. f. Capacidad de padecer o soportar algo sin alterarse. 2. f. Capacidad para hacer cosas pesadas o minuciosas. 3. f. Facultad de saber esperar cuando algo se desea mucho. 4. f. Lentitud para hacer algo. 5. f. Resalte inferior del asiento de una silla de coro, de modo que, levantado aquel, pueda servir de apoyo a quien está de pie. 6. f. Bollo redondo y muy pequeño hecho con harina, huevo, almendra y azúcar y cocido en el horno. 7. f. Tolerancia o consentimiento en mengua del honor. prudencia. (Del lat. prudentĭa). 1. f. Templanza, cautela, moderación. 2. f. Sensatez, buen juicio. 3. f. Rel. Una de las cuatro virtudes cardinales, que consiste en discernir y distinguir lo que es bueno o malo, para seguirlo o huir de ello. Nos están dando mala vida. La paciencia y la prudencia tienen un límite. Quema igual el hielo que el fuego. No hay una marca España. Hay muchas marcas en los ciudadanos. Muchas. Marcas que duelen. Marcas que indignan...

Fotocopias

Es preciso ir a reclutar primavera por todos los parques Llama luego al agua y riéganos. Riéganos a todos. No soy un iluso por pensar que hubo revoluciones con claveles. Lee y escucha. Sé prudente siempre que puedas e imprudente cuando debas. Puede que así se dejen oxidar todos los tanques. No te dejes abrazar por el invierno. Ponle un plazo al frío. Descose esa boca callada. Habla y piensa. Llama a las cosas por su nombre. Todos sabemos que silencio es sinónimo de miedo. Todos sabemos que silencio es sinónimo de éxito. Para ellos, claro. Pide ruido para convertir. Para convertir en música. Pide mar y reclama olas. El cambio está ahí fuera. No podemos dejar que la dignidad sea solo cosa de violines. Sería injusto para el aire. Y sin aire, reinan la asfixia y el ahogo. No te dejes caer en la tentación del nuevo credo del sistema: "Perdona y paga nuestras ofensas". Basta de vastas mentiras. No me gustan las palabras que me engañan con un bu...

In memoriam: 90

Cada vez que hablábamos de mi viaje a Vietnam, tú recordabas de memoria la batalla de Dien Bien Phu. La más furiosa y larga batalla del cuerpo expedicionario francés en la antigua Indochina. Los franceses perdieron y Vietnam celebró su independencia. Tú has ganado la batalla más importante. Ganaste la batalla de la vida, porque la disfrutaste hasta el final y, sobre todo, porque hiciste que los demás la disfrutáramos con tu compañía, con tu sabiduría, con tu generosidad y con tu cariño. En mi cabeza, en mi recuerdo y en el cariño que te tengo hay un arcoíris de olores. Huele a café recién molido, a litros y litros de amor vertidos en zumos de naranja, a manzana desnuda para la merienda, a bacalao con tomate, a pan debajo de la mesa camilla, a desayunos vestidos de gala con churros recién nacidos. En mi cabeza, en mi recuerdo y en el cariño que te tengo hay un sótano lleno de luz (tantas veces que bajamos juntos), un seat 127 azul que maniobraba en la carretera de San Bartolomé...

El silencio de octubre

El silencio de octubre quiso decir muchas cosas pronunció la palabra excusa, y coqueteó con el abandono voluntario, con la dejadez consentida. El silencio de octubre significó que hubo versos en otras paredes distintas a estas, que mis labios, que andaban en busca hace unos años, hallaron la captura deseada. El silencio de octubre ocurrió porque está ella, que secuestra el gris para colorearlo. Lo hace cada día. Es un fenómeno cromático que enamora. Casi tanto como sus labios. El silencio de octubre es música en bicicleta, paseos de cine, centrifugado y pinzas de la ropa. El silencio de octubre es que el tiempo se congela y el calendario, a modo de flecha, señala cama, abrazo, beso y así no hay Finlandia que cien años dure. PD: En noviembre, sucede parecido a octubre, pero me reencuentro con estas paredes. Está feo que se queden amarillentas, sin una mano de escritura de vez en cuando.

L

Pienso en el cielo que habita nuestra habitación, en las sábanas revueltas como nubes desertoras de tormentas. Paredes ajenas al invierno, donde abrigan las palabras sencillas, las caricias sinceras, abrazo del sueño y de los cuerpos desnudos. Me cuesta creer que ahí afuera está el tráfico y el ruido, que hay alguien que protesta o alguna canción que llora. Esta habitación es un refugio, una cueva de susurros. ¿Puedes oír el eco de mis manos? Estoy volando sobre ti como los cisnes que buscan primavera. Pero también salimos fuera y nos ve la calle: ruido convertido en melodía. La lluvia observa perpleja nuestras risas en los charcos. Te queda muy bien ese vestido. Es naranja, como un zumo de mango. Sí, ya es de noche, pero lo veo. Veo tu vestido y el zumo de mango.

Recortes invernales

"Sais-tu ma belle que les amours Les plus brillantes ternissent" (Avant la haine, Alex Beaupain) El primer encuentro el misterio estimular, convencer, acertar un cine los días del mar armonía el placer, la erótica Luz, más luz. Todo con mayúsculas nuestro gran año juntos entusiastas por las nubes. Demasiado perfecto, guerra de vuelta caprichos más espacio la carencia las cicatrices la memoria rebelde el reciclaje bastardo Patio del tiempo: no hay nada

"Escribir poemas", 7 años navegando en busca del mejor atún

Era una tarde como esta. Por lo tanto, puedo decir que era invierno. Supongo que fuera hacía frío. Quizás dentro también. Y me inventé este abrigo. Un abrigo que sirve, curiosamente, para desnudarme. Empecé a ponerte palabras por encima mientras te quitaba la ropa con esas mismas letras cambiadas de orden y lugar. Sí, era una tarde como esta. Estoy seguro. Era también febrero y, aunque era Sevilla, puedo jurarte que hacía frío. Recuerdo que una naranja y el teatro me ayudaron a romper el hielo. Eso y los primeros versos completamente viernes y de habitaciones separadas. Las columnas en domingo, el Son de Mar. "Martina, Martina, he cruzado todos los océanos de este mundo para saber que no puedo vivir sin ti" (Fragmento de "Son de Mar", Manuel Vicent) Y entonces escribí (un 15 de febrero de 2005) que daría la vuelta al mundo para buscar, como Ulises Adsuara, el mejor atún para Martina. No era todavía periodista. ¿Lo soy hoy? ¿Quién soy hoy? Dame una respuesta, le di...

La fábrica

Son casi las cinco de la madrugada, tengo 28 años y acabo de desvelarme en Hanoi. Sí, vivo en Vietnam ¿quién me lo iba a decir cuando aún no sabía pronunciar palabras, cuando merendaba pan con chocolate? Todavía me trabo algunas veces, Todavía como pan con chocolate. Pero no quiero perderme, son las cinco menos cinco de la madrugada tengo 28 y estoy desvelado en Hanoi y me he encontrado con una fotografía de algo que ya no es físicamente, pero que fue, ha sido y es muchas cosas sentimental, biográficamente. Dudo si volver a la cama, pero vence el impulso del recuerdo en mi cabeza, y la nostalgia de la infancia revoluciona mis dedos sobre el teclado. Rescato otra fotografía para cicatrizar las ruinas de la otra instantánea que acabo de descubrir. En ella hay una niña y un niño. Son rubios e ingenuos. Están creciendo, descubriendo los primeros secretos de la vida. Les rodean las bolsas de la compra -probablemente de su abuelo tras ir al mercado-, una bicicleta orbea azul y un triciclo ro...