Ir al contenido principal

Poema feliz

Este poema habla de la felicidad,
de aquellos días que transcurren
entre toboganes de agua.
Relata el momento en que te deslizas,
gritas y te ríes
como si el invierno fuera mentira.
Mentira podrida,
como si la manzana no hubiera estado prohibida
y Eva fuera siempre una serpiente buena.

Este poema trata de cuando te sumerges
y sales de nuevo a la superficie
y hay otro aire nuevo,
tu brisa de mar en un campo de trigo
Adán viviendo eterno en primavera
sin alergias del Edén
con su inhalador de okupa habitando un cajón.

Este poema es un retrato anónimo
de una sonrisa,
la que dibujan las tormentas
si llueve amistad
a las orillas del bar.

Suenan (sí, digo suenan)
como relámpagos
las ruedas de tu bicicleta.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
La "felicidad" de este poema tan vital, no debe ser ajena a su lectura emocionada, con la que ya reconocemos esta voz tan tuya.

¡Enhorabuena!

Un abrazo, mon fils
mjm ha dicho que…
Tengo la sensación de que más que estar leyendo tus poemas los he encontrado porque me parecen tan redondos y vienen tan de tirón que es como si siempre hubieran estado ahí.
Estoy con tu padre, yo también voy reconociendo tu voz.
Un beso, mon ami.

Entradas populares de este blog

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.

El poeta puede

El poeta puede ver el beso medio lleno o medio vacío El poeta lima El poeta lame El poeta no tiene lema El poeta le busca todas las vueltas a Roma rema que te rema rima que te rima de ramo en ramo El poeta puede volar por los aires y estrellarse en el cielo. Acaso entonces se da cuenta: su poema ha llegado a su ocaso.

Receta para un poema

Un domingo nublado, que sea febrero y tú estés lejos. Tres canciones de Norah Jones, con el volumen no muy alto, para que sepa a complicidad. Una cucharada de invierno, pero pequeña. Tus dos fotos preferidas y una pizca de melancolía. Remover todo suavemente en una cama. Y calentar, calentar a fuego lento debajo de las sábanas. Puede que veinte minutos basten, eso ya depende del gusto de cada cual. Luego, si te apetece, añadir recuerdos con sal y pasear por el Retiro. Importante: no mezclar con alcohol ni humo.