A ras de asfalto se esconde una triste esperanza, la promesa de que su piel ya no pasaría más frío en aquellos países donde perdieron la luz. Se escaparon de demasiados mapas con ilusas ilusiones. Una huida para siempre. Ahora no es posible mirar atrás Han llegado aquí para deletrear de nuevo la palabra traición. Por la noche conjugan el verbo desengaño pegadas a un delgado árbol o a una farola podrida por la complicidad de la rutina que les condena. Qué larga debe ser su noche, cuánto ruido debe haber en cada segundo de su silencio. cuánto silencio deben buscar cuando no dejan de escuchar el ruido sucio del cuerpo desconocido. Cada madrugada los rascacielos son sus zapatos de tacón y el brillo de sus ojos es la niebla.
La guarida de los náufragos ©