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Le retour

El día comenzó sin ser día. Cuando aún las luces no habían sido encendidas en el pequeño pueblo, el primer tren ya iniciaba su camino. Tras una espera de una hora, otro tren, ya con las luces del día dadas, arrancó hasta llegar a la capital parisina. Allí, tras dejar las maletas en la consigna de la estación de Montparnasse, el viajero decidió visitar la casa de unos viejos conocidos. Era una gélida mañana y los cuervos revoloteaban libres y felices en aquel lugar. El resto era silencio. Silencio paradójico en la casa donde sus habitantes tan bien habían hablado antes de quedarse en el recuerdo de una lápida, en el recuerdo de sus versos, de sus obras. Sin embargo, si agudizabas los sentidos, allí podías sentir el aroma de las flores del mal, el desorden ordenado de Rayuela o las melodías sensuales de Gainsbourg: "Je suis venu te dire que je m´en vais". Y el viajero se va, se va volando en busca de tierras más cálidas. Aunque el vuelo se hace esperar mucho, mucho, mucho. El v...

Noche de despedidas (o poema-titular instantáneo)

Los secretos vendidos, ella, ahogada en una playa, en su paraíso y tú, preguntándote el porqué de las palabras

Ce soir

Hoy el día está soleado y, aunque hace ya un frío propio de la zona, el sol consigue calentar y es agradable mientras paseo. He atravesado una parte del parque que desconocía, una en la que los patos viven tranquilamente, alejados de la civilización. Una ruta llena de árboles a la orilla del río y de pequeños senderos de bosque misterioso. Después, he llegado al puerto. Han acabado las obras que había y, de nuevo, hay barcos. Tras las últimas lluvias, la Sarthe ha crecido y la corriente arrastra árboles olvidados por el tiempo. Las calles del pueblo tienen más gente y están repletas de adornos navideños. Escucho campanas. Vienen de la iglesia. Hay un entierro y el sonido de las campanas se mezcla con el ruido del agua. Es una bella melodía. Tanto el árbol como el muerto son dos cuerpos arrastrados a otras latitudes. He continuado caminando un rato hasta ver esa bicicleta que tanto me gusta. Quizás me la compre mañana. O puede que no me la compre. Ahora, he sacado las llaves de mi bolsi...

Cuatro paredes

Es una habitación tranquila, esta que esconde mis deseos. Discreta y silenciosa, es testigo de mis versos. Cómplice, el calendario marca la llegada de diciembre. Absurdo, el desorden imagina cartas sin abrir, remites sin escribir. La ropa sucia tirada por el suelo indica naufragio. Los restos de comida en el plato hablan de supervivientes. La madrugada está cerca y aún no he encontrado las llaves, las llaves que abren tu boca.

Jeudi et grève en novembre

Hoy el día comenzó temprano, frío y sin trenes en los que escapar. Luego salió el sol, pero el frío no se fue y los andenes siguen vacíos.

Scène diurne du 3 Novembre 2007

Je voudrais que tu sois mon cheval pour te chevaucher longtemps longtemps (Apollinaire) Querría secuestrarte en mi despensa para que me quieras Querría escapar del laberinto para que me quieras Querría encontrar tus besos en el crucigrama para que me quieras Querría cerrar todas las bocas (menos la mía y la tuya) para que me quieras Querría denunciar al juez para que me quieras Querría despertar a los sonámbulos para que me quieras Querría abrir la ventana y que la nieve caiga sobre tus pechos para que me quieras Querría ser tu bote de perfume para que me quieras Querría robarte la chistera para ser tu mago el día que tú quieras, el día que me quieras

Ocurrió en Octubre

El viajero llegó al pequeño pueblo cargado con un pesado equipaje. Tenía en su maleta ropa de abrigo para una larga temporada. También llevaba un botiquín de primeros auxilios que contenía un puñado de canciones, dos periódicos, un libro de poemas y unas cuantas novelas. En su cabeza, llevaba un nido repleto de pájaros revoloteando a su alrededor. Aún hoy siguen allí. Poco tiempo tardó el viajero en darse cuenta de que era el único extranjero de habla hispana en la zona. Bastó un paseo por el pueblo. La gente lo miraba con gesto extraño. Los más atrevidos saludaban; los menos, simplemente le interrogaban sin abrir la boca. El viajero descubrió pequeñas casas con tejados como los de castillos medievales, bicicletas de veranos azules y esculturas de enamorados. Desde la iglesia, de estilo gótico, observó el extranjero como los cisnes retaban a la corriente del río Sarthe. Mientras, un banco vacío se asomaba al mirador del imponente castillo (convertido hoy en biblioteca). Se hizo de noch...