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Entradas

Cuatro paredes

Es una habitación tranquila, esta que esconde mis deseos. Discreta y silenciosa, es testigo de mis versos. Cómplice, el calendario marca la llegada de diciembre. Absurdo, el desorden imagina cartas sin abrir, remites sin escribir. La ropa sucia tirada por el suelo indica naufragio. Los restos de comida en el plato hablan de supervivientes. La madrugada está cerca y aún no he encontrado las llaves, las llaves que abren tu boca.

Jeudi et grève en novembre

Hoy el día comenzó temprano, frío y sin trenes en los que escapar. Luego salió el sol, pero el frío no se fue y los andenes siguen vacíos.

Scène diurne du 3 Novembre 2007

Je voudrais que tu sois mon cheval pour te chevaucher longtemps longtemps (Apollinaire) Querría secuestrarte en mi despensa para que me quieras Querría escapar del laberinto para que me quieras Querría encontrar tus besos en el crucigrama para que me quieras Querría cerrar todas las bocas (menos la mía y la tuya) para que me quieras Querría denunciar al juez para que me quieras Querría despertar a los sonámbulos para que me quieras Querría abrir la ventana y que la nieve caiga sobre tus pechos para que me quieras Querría ser tu bote de perfume para que me quieras Querría robarte la chistera para ser tu mago el día que tú quieras, el día que me quieras

Ocurrió en Octubre

El viajero llegó al pequeño pueblo cargado con un pesado equipaje. Tenía en su maleta ropa de abrigo para una larga temporada. También llevaba un botiquín de primeros auxilios que contenía un puñado de canciones, dos periódicos, un libro de poemas y unas cuantas novelas. En su cabeza, llevaba un nido repleto de pájaros revoloteando a su alrededor. Aún hoy siguen allí. Poco tiempo tardó el viajero en darse cuenta de que era el único extranjero de habla hispana en la zona. Bastó un paseo por el pueblo. La gente lo miraba con gesto extraño. Los más atrevidos saludaban; los menos, simplemente le interrogaban sin abrir la boca. El viajero descubrió pequeñas casas con tejados como los de castillos medievales, bicicletas de veranos azules y esculturas de enamorados. Desde la iglesia, de estilo gótico, observó el extranjero como los cisnes retaban a la corriente del río Sarthe. Mientras, un banco vacío se asomaba al mirador del imponente castillo (convertido hoy en biblioteca). Se hizo de noch...

La habitación

La habitación no era muy grande, pero tenía una litera extraña, más grande de lo habitual. Tanto en la parte de arriba como en la de abajo podían dormir dos personas sin estar apretadas. O apretadas. Eso ya depende de las personas que allí durmieran. Tenía una ventana. Una ventana antigua, propia de las viejas viviendas de aquella ciudad francesa. Daba a un pequeño patio interior. Cuando la abrías, chirriaba. Enfrente había otra ventana. En ocasiones,se asomaba a ella un espía inesperado. Era un pequeño gato que, aunque parecía inofensivo, parecía que quisiera controlar cada uno de nuestros movimientos. Pero volvamos dentro. La habitación tenía un armario (lleno ya de su ropa)y un escritorio (lleno ya de sus cosas, lleno ya de mis cosas). También había un pequeño espejo. Me gustaba su reflejo. Podía verla dos veces. La pared se llenó de postales. Un día, era ya verano, se despegaron algunas y cayeron al suelo. Pocos días después, la habitación se quedó vacía; y su ventana, cerrada. Sól...

Vacances

Quizás el estío provocó el hastío. Quizás. Ulises navegó en busca del atún por océanos profundos de otras latitudes. Navegó lejos. Y salió a flote. Es otoño, aún no se han caído las primeras hojas, pero el mar vuelve a estar revuelto. Ulises ha vuelto.

Retrouvailles

Nos hemos perdido en mapas con límites, nos hemos perdido en callejones con salida, nos hemos perdido en autopistas de peaje, ¿y si nos encontramos? en países sin fronteras y aduanas, en carreteras secundarias, en la orilla de una playa.