Ir al contenido principal

El silencio de octubre



El silencio de octubre
quiso decir muchas cosas
pronunció la palabra excusa,
y coqueteó con el abandono voluntario,
con la dejadez consentida.

El silencio de octubre
significó que hubo versos en otras paredes
distintas a estas,
que mis labios, que andaban en busca hace unos años,
hallaron la captura deseada.

El silencio de octubre
ocurrió porque está ella,
que secuestra el gris para colorearlo.
Lo hace cada día. Es un fenómeno cromático
que enamora. Casi tanto como sus labios.

El silencio de octubre
es música en bicicleta,
paseos de cine,
centrifugado
y pinzas de la ropa.

El silencio de octubre
es que el tiempo se congela
y el calendario, a modo de flecha,
señala cama, abrazo, beso
y así no hay Finlandia que cien años dure.

PD: En noviembre, sucede parecido a octubre, pero me reencuentro con estas paredes. Está feo que se queden amarillentas, sin una mano de escritura de vez en cuando.

Comentarios

Miguel Cobo ha dicho que…
Podríamos recurrir a Freud para psicoanalizar estos silencios. Según el célebre austriaco, la creación artística sería una forma de sublimación de la libido.

En este caso ha sido "sublimada" por otros cauces más naturales.

Abrazos.

Entradas populares de este blog

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.

Receta para un poema

Un domingo nublado, que sea febrero y tú estés lejos. Tres canciones de Norah Jones, con el volumen no muy alto, para que sepa a complicidad. Una cucharada de invierno, pero pequeña. Tus dos fotos preferidas y una pizca de melancolía. Remover todo suavemente en una cama. Y calentar, calentar a fuego lento debajo de las sábanas. Puede que veinte minutos basten, eso ya depende del gusto de cada cual. Luego, si te apetece, añadir recuerdos con sal y pasear por el Retiro. Importante: no mezclar con alcohol ni humo.

Facebook

Veo en un pequeño recuadro que ahora eres amiga de Brian y Marcella y que a las nueve de este otoño irás a beber melancolía de once grados con Luis. Descubro que te gusta pisar los charcos cuando llueve y que detestas los inviernos en abril. Aunque ya no hablo contigo, conozco tu ciudad actual y recuerdo cuál fue tu origen, que cumples años en diciembre y te gusta prender fuego al calendario si te arrastra la nostalgia en primavera. Últimamente has viajado a Lisboa, intuyo que te mecen los tranvías y te seducen los viejos cafés color sepia. Lo sé por tu fotografía en aquella calle de Bruselas, donde Magritte fumaba en pipa dorada. Sueles cambiar de cara a menudo, me divierten tus gafas de sol en noviembre y disfruto con tu colección de sonrisas o el último vestido azul que guardas en tu perfil. Vuelves a estar soltera, aunque te acompañan ciento veinte comentarios por debajo dándote ánimos y diciendo que él era un idiota. Aún tiritas cuando alguien te habla del pasado. Por eso has borr...