Ir al contenido principal

D

No suelo odiar,
pero a ti, te odio.
Te odio porque
eres capaz de quemar
como el fuego.
Te odio porque
te apropias de mi cuerpo
para llenarlo de heridas.
Te odio porque
me conviertes en desierto
árido y seco.
Te odio porque
me agrietas los labios
y asustas a los besos.
Te odio porque
siempre te presentas
sin avisar y me invades.
Te odio porque
eres mala
y te aprovechas de mi debilidad.
Te odio porque
eres cobarde
y me atacas por la espalda.
Te odio porque
eres mi sombra
desde hace ya 26 años.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.

El poeta puede

El poeta puede ver el beso medio lleno o medio vacío El poeta lima El poeta lame El poeta no tiene lema El poeta le busca todas las vueltas a Roma rema que te rema rima que te rima de ramo en ramo El poeta puede volar por los aires y estrellarse en el cielo. Acaso entonces se da cuenta: su poema ha llegado a su ocaso.

Receta para un poema

Un domingo nublado, que sea febrero y tú estés lejos. Tres canciones de Norah Jones, con el volumen no muy alto, para que sepa a complicidad. Una cucharada de invierno, pero pequeña. Tus dos fotos preferidas y una pizca de melancolía. Remover todo suavemente en una cama. Y calentar, calentar a fuego lento debajo de las sábanas. Puede que veinte minutos basten, eso ya depende del gusto de cada cual. Luego, si te apetece, añadir recuerdos con sal y pasear por el Retiro. Importante: no mezclar con alcohol ni humo.