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Tren destino Nantes


Se subió en Ancenis. Tenía esa cara infantil que tienen algunas chicas francesas. El cabello largo, frondoso; los ojos grandes, bien abiertos (hasta que decidió dormirse); sus labios eran gruesos, carnosos. Pedían a gritos ser besados. Sin duda, mi "Eva Green" iba en aquel vagón. Terminó de seducirme al abrir su boca para contestar una llamada telefónica. Sus paletas estaban levemente separadas. Era eso lo que la hacía aún más atractiva, su pequeña imperfección. Creo que nos cruzamos alguna mirada esquiva. Sí, de esas que se producen entre dos desconocidos. La perdí de vista cuando una nube de gente se levantó para recoger su equipaje. Habíamos llegado a Nantes

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Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.

Receta para un poema

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Facebook

Veo en un pequeño recuadro que ahora eres amiga de Brian y Marcella y que a las nueve de este otoño irás a beber melancolía de once grados con Luis. Descubro que te gusta pisar los charcos cuando llueve y que detestas los inviernos en abril. Aunque ya no hablo contigo, conozco tu ciudad actual y recuerdo cuál fue tu origen, que cumples años en diciembre y te gusta prender fuego al calendario si te arrastra la nostalgia en primavera. Últimamente has viajado a Lisboa, intuyo que te mecen los tranvías y te seducen los viejos cafés color sepia. Lo sé por tu fotografía en aquella calle de Bruselas, donde Magritte fumaba en pipa dorada. Sueles cambiar de cara a menudo, me divierten tus gafas de sol en noviembre y disfruto con tu colección de sonrisas o el último vestido azul que guardas en tu perfil. Vuelves a estar soltera, aunque te acompañan ciento veinte comentarios por debajo dándote ánimos y diciendo que él era un idiota. Aún tiritas cuando alguien te habla del pasado. Por eso has borr...