En el desierto de mis ideas espero un espejismo onírico que se contagie a mi realidad y me lleve a ti, a lo más profundo de tus huesos.
Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.
Comentarios
Hace mucho que no te dejas caer por los pliegues de mi pecho y mi pleura a olvidado estremecerse bajo tu recuerdo.
En el transcurso de un latido, has recorrido mi médula de punta a punta, anudándote a cada coyuntura que en un pasado fuera rozada por tus labios.
Has punzado un par de veces y después, lánguidamente te has deslizado al lugar que te pertenece. Mi piel te ha respondido desde su paralelismo, instintivamente orientado sus poros hacia la inmensidad, donde quieras hallarte.
Cuando me he apeado de la fugacidad de tu imagen, era ya tarde.
Un rincón de mis entrañas ha pestañeado. Tu ascua se ha removido y gracias a su efímera incandescencia, sonreí de haberte llorado.
mj