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ESTACIONES

Si consideramos lo que puede verse:
un buitre sobre un niño
un silencio en Hiroshima
un bocado envenenado
un cura obseso
un ladrón de guarderías
un trébol de tres hojas
un yogur caducado

Estas y otras cosas
demuestran que la vida gira sobre un eje podrido.

Pero nos han dejado
los helados de vainilla
los regalos de tu abuelo
los paseos por el parque
las melodías
las noches sin dormir
las duchas de agua caliente
las camas sin hacer, pero bien hechas
y verano e invierno y verano y verano
y de nuevo invierno.

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Trece febreros y dos días

Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.

El poeta puede

El poeta puede ver el beso medio lleno o medio vacío El poeta lima El poeta lame El poeta no tiene lema El poeta le busca todas las vueltas a Roma rema que te rema rima que te rima de ramo en ramo El poeta puede volar por los aires y estrellarse en el cielo. Acaso entonces se da cuenta: su poema ha llegado a su ocaso.

Receta para un poema

Un domingo nublado, que sea febrero y tú estés lejos. Tres canciones de Norah Jones, con el volumen no muy alto, para que sepa a complicidad. Una cucharada de invierno, pero pequeña. Tus dos fotos preferidas y una pizca de melancolía. Remover todo suavemente en una cama. Y calentar, calentar a fuego lento debajo de las sábanas. Puede que veinte minutos basten, eso ya depende del gusto de cada cual. Luego, si te apetece, añadir recuerdos con sal y pasear por el Retiro. Importante: no mezclar con alcohol ni humo.