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Entradas

Claro de luna

Maldigo. Maldigo la palabra bomba maldigo la palabra guerra maldigo la palabra justicia cuando no es justicia maldigo la prostitución de palabras e inocentes maldigo la palabra silencio si hablar es preciso maldigo la palabra si el silencio llama. Maldigo no encontrar el final de la conjugación de maldigo. Lamento. Lamento Siria lamento Egipto lamento Somalia lamento Haití lamento Irak lamento esta lista incompleta que no abandona el etcétera, lamento los puntos suspensivos del olvido. Lamento no encontrar el final de la conjugación de lamento. Siento. Siento repugnancia siento asco siento escalofríos siento impotencia siento repugnancia por nuestra impotencia por nuestra (in)capacidad de reacción siento no encontrar el final de la conjugación de siento. Me entristece. Me entristece la herida me entristece lo ingrato me entristece la cobardía me entristece nuestra cobardía me entristece la complicidad de una boca callada me entristece el l...

Lluvia

Te cuento que aquí suele llover las tardes de agosto. Es una lluvia caprichosa que no repite horario ni vestido. A veces es ligera y suave, otras es feroz e insaciable. No sé si algo o alguien la llama, (es curioso escribir llama en un poema de lluvia) pero sé que viene cuando las nubes se ponen su traje gris oscuro. Sucede a menudo que no le gusta bailar sola y truenan truenos, y relampaguean relámpagos como brillantes teloneros.

Los atunes son insomnes

Hace unos meses, mi padre asistió a una charla con Manuel Vicent durante la Feria del Libro de Córdoba. Mi padre le habló de mi blog, "El primer atún de Ulises", le dijo que llevaba ese título por su novela "Son de Mar" y que si podía dedicarme unas palabras. Vicent le respondió "dígale a su hijo que los atunes son insomnes". A propósito de esta frase, investigué otras entrevistas a Manuel Vicent en la red y encontré este fragmento, que me gusta mucho: "El atún es un pez que navega insomne, sin dejar de comer, devorar o navegar. A partir de ahí he imaginado que los náufragos, como los atunes, siempre vuelven a la vida. Quiero decir que todos los náufragos resucitan. El comienzo de este proceso, es decir, el manual de resucitados, es una llamada, un amor, alguien que puede estar en la tierra esperando al que vuelve del mar" (Manuel Vicent).

Océano de silencio

Un Oceano di Silenzio scorre lento senza centro né principio cosa avrei visto del mondo senza questa luce che illumina i miei pensieri neri. (Franco Battiato) Si hubiera un deshielo de ruido se produciría un océano de silencio. Ojalá fuera un océano caprichoso que callara la voz que escupe lava y deja solo cenizas a su paso. Ojalá fuera un océano imperfecto que dejara a la música y a la poesía pasar para dejar huella en todas nuestras orillas.

Muñoz Molina y mi colección de muñecos de goma

El otro día le dieron el Premio Príncipe de Asturias de las Letras a Antonio Muñoz Molina. Hoy descubierto su autorretrato , que es emocionante, sencillo y hermoso. Muñoz Molina es de Úbeda, un andaluz de Jaén. Al leerlo, me ha parecido escuchar de nuevo historias de mi padre, vivencias de mi abuelo Alfonso y de otros miembros de mi familia, que son de allí o de otros pueblos de Jaén. Vivencias que son mías también. Mi relación literaria con Muñoz Molina empieza un invierno en Lisboa. Me abrigué mucho con sus páginas. Luego me he puesto su ropa otras veces. Sea invierno o sea verano, en columnas o en novelas. Mi padre siempre me ha hablado de él con admiración y con cariño. Recuerdo una vez, cuando chico, que nos lo encontramos en Úbeda en los soportales donde vendían los muñecos de goma que tanto me gustaba coleccionar. Eso me ha traído otros recuerdos. En mi trastero de Córdoba, ciudad donde nací y me crié, viven ahora todos los muñecos de mi infancia: Astérix, Espinete, S...

Mañana iremos todos juntos a comer croquetas

Estaba en Madrid. Tenía un trabajo bonito y mal pagado. Vivía rodeado de libros, de viejas y de nuevas historias. Esa tarde era un parque y primavera. Una llamada cerró el parque y nubló el cielo. No quiero escribir aquí sobre las lágrimas que recorrieron aquel trayecto de vuelta a casa. Me niego. Yo escribo aquí sobre el río de generosidad que se desbordaba siempre a tu paso. Me gustaría hablar también de la lluvia. En tu casa diluviaban besos. Yo he crecido regado por tu cariño y tu alegría. Han pasado seis años y tu río no se seca porque siempre llueves, abuela. Me gustaría mucho decirte que soy feliz y que mañana, después de misa con zapatos nuevos, iremos todos juntos a comer croquetas.

Las brasas

Es el cuarto día de fuego en la ciudad, el asfalto, las aceras se han convertido en una colección de sartenes. Los habitantes son marionetas con complejo de huevo frito. El viento, cuando se digna a aparecer, es un traidor sopla y quema por la espalda. Hay quien que cree que algo fresco se mueve, pero es un mero espejismo de brisas. Aquí lo único real es un cielo que abrasa con o sin sol. Temporada alta para el coro de chicharras. "Don´t light my fire", hoy cerraría, sin dudarlo, las puertas a Jim Morrison, me haría amigo incondicional de frío a sabiendas de que luego me arrepentiría y suplicaría guantes y bufandas. Pero la realidad está tan mojada ahora mismo, tan secuestrada por la humedad y el calor que lo más parecido al paraíso es un lugar llamado sombra.