Han pasado trece febreros. Trece febreros y dos días. El invierno era entonces distinto. Más largo, más frío. Yo era un joven de secano que buscaba mensajes en el mar. Hoy, trece febreros y dos días después sé que no hay guaridas para náufragos y que no hay náufrago que no busque, alguna vez, una guarida.
La guarida de los náufragos ©
Comentarios
me encanta porto, una de las mejores noches que he pasado fue allí, improvisando una noche de marcha post-concierto en lugares geniales.
y para comer bacalao, por supuesto.
beijinhos!